EL ESTEREOTIPO

 Ahí estaba yo, caminando sola por el extenso camino que llevaba al salón. Una nueva escuela, una nueva ciudad y otro camino por afrontar. Estaba cansada, mis padres ya no soportaban todo el bullying que recibía en mis otras escuelas. Yo era la rarita del grupo, la solitaria, la que no tenía amigos y mucho menos novio. ¿Era fea? Esa pregunta me atravesaba cada día, cada mañana, cada cena, cuando me cepillaba los dientes y me miraba al espejo. Me volví loca pensando en si yo era un problema, si estaba demente. Mi mamá pensó en llevarme a un psicólogo pero mi padre no se lo permitió, él sí me entendía. Yo no quería ser así, me estaba convirtiendo en otra persona, todo eso me afectaba mentalmente, todos los pensamientos, ideas, suposiciones de que si era gorda, flaca. Un día comía y al otro lo vomitaba, ya no era fuerte, todo me consumió. Lloraba cada noche, cuando cerraba los ojos  antes de dormirme, hasta cuando me bañaba. No podía mirar a mi madre porque sabía que le avergonzaba mi apariencia, ella no traía a sus amigas a casa y me ordenaba que no saliera a la calle, ni hacer los mandados. Mi padre trabajaba todo el día y llegaba a casa a las diez de la noche para darme la charla motivacional de todos los días, pero eso no ayudaba, aunque sé que lo intentaba. 

Había nacido con una deformación en la cara, no era normal o eso me hacían creer,. Toda la vida la pase sola, sin una amiga con quien salir de fiesta, sin charlas de apoyo luego de una separación ni un brazo al cual llorar. No había cura que solucione todo lo que era y lo que vivía, cada lágrima me debilitaba más.

Un día me levanté una madrugada luego de tener una pesadilla aterradora, salí de la cama y me fuí directo a la cocina a buscar  un vaso de agua. Me sentía muy tensa, subí las escaleras y me volví a acostar. Cerré los ojos y soñé, pero no era un sueño cualquiera.

 Ahí estaba yo caminando sola por el extenso camino que llevaba al salón. Era una nueva escuela para mí, todas las personas que pasaban me miraban con los ojos abiertos, las chicas murmuraban entre sí y los chicos chiflaban. Mi belleza deslumbraba por todo el pasillo, en mis otras escuelas había sido la chica más popular, la que todos adoraban, pero me tuve que mudar ya que mis padres habían conseguido un trabajo mucho mejor. Mi madre me apreciaba, era su diamante, cada que podía me anotaba a un concurso de belleza los cuales siempre ganaba, nadie me superaba, toda mi vida parecía un sueño de cualquier niña de once años añorando ser la favorita de todos. Llegaba a casa y me apreciaba al espejo, una linda sonrisa, un cuerpo envidiable, un pelo lacio y rubio, unos ojos celestes despampanantes, todo eso era yo, una chica perfecta con una vida perfecta, con todos los lujos. No tenía amigos pero ellos me buscaban a mí y tarde o temprano conseguiría un novio, eso no era de qué preocuparse. 

Me desperté algo confundida, el sueño había sido todo lo que más quería desde que no aguantaba más mi vida. Yo con una vida y apariencia perfecta sin ninguna deformación y ni una madre que se avergüence de mí, la chica más popular y envidiada por todas. Pero solo era un sueño, un sueño que no se haría realidad, que me dejaría llorando toda la tarde deseando ser ese yo. Pasé el resto del día mirando la tele, ya eran las diez mi padre no  tardaría en llegar. Ese día me abrí con él, le conté todo lo que me pasaba, mis noches de llanto, mis problemas con mi gordura o lo que eso creía, mi pregunta que me acompañaba siempre y el sueño que tuve ese día. Me dijo que agradecía que le haya contado todo, que nadie es perfecto y que todos en algún momento nos sentimos débiles y sufrimos por no ser lo que queremos ser. Luego de eso desperté, me dí cuenta de que no vale la pena pasarme la vida llorando por algo que no va a pasar, que soy como soy y que tengo que levantarme y vivir pásalo que pase, ser fuerte cuando alguien me pisotee e intente humillarte porque ese alguien nunca va a llegar a ser lo que sos intente lo que intente. 

                                                 

                                                                                                               Gentili Nerina.   


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