CAMBIO DE VIDA- MARTINA

 

CAMBIO DE VIDA



Era un invierno, una tarde de mucho frío en un templo muy cuidado. Las hojas de los árboles caían como estrellas fugaces chocando contra el piso, el viento soplaba silbando causando como una melodía relajante y las nubes se paseaban rápidamente por el cielo.

Alrededor de las 16:15 hs, Pablo decide empezar con su trabajo. Como todos los días, limpiaba todo el templo hasta no dejar ni un rastro de tierra, para así luego cuando el padre como de costumbre llegue a las 5 encontrara todo en orden. Las horas pasaban, eran las 5, 5:30 y nadie llegaba.

Un llamado llegó a eso de las 7 de la tarde, el llamado que nadie esperaba. Desde el hospital san Carlos, llamaban preguntando por los familiares de Cristian, el padre de Pablo. Rápidamente su hijo se llegó hasta el lugar con su cara cubierta de lágrimas de dolor.

Las calles repletas de autos no le impidieron llegar rápido, dejó atrás todo, lo único que quería era estar con su padre.

Al entrar, un médico lo atendió con un vaso de agua para poder calmarlo.

- Tranquilo, va a estar todo bien- dijo el médico con inseguridad.

-¿Qué fue lo que pasó doctor?- preguntó Pablo.

- Estamos analizando, parece estar en un coma por tiempo indeterminado- terminó afirmando Andrés.

Las horas pasaban y su hijo no quería moverse del lugar, no comía hacía 12 horas y ya estaba con las ojeras por el piso, pero sin embargo seguía estando en la silla de la sala de espera que ocupó apenas llegó.

Al cabo de llegar la madrugada, Pablo decide ir hasta su casa a bañarse para poder volver al sanatorio. Subió al auto y comenzó a manejar hacia el templo. El viaje fue más rápido que el de ida, pero al llegar, algo raro vio al darse cuenta que su lugar de estacionamiento estaba ocupado. Sus pensamientos nublados no dejaron que se preocupara por eso, estacionó enfrente y bajo sus cosas para dejarlas en la casa.

Sacó las llaves, pero al colocarlas, un fuerte ruido en el patio del templo llamó su atención a tal punto de lograr que vaya a controlar que todo esté bien. Mientras caminaba por el patio algo se cruzó en su camino. Parecía ser un libro, pero su tapa estaba completamente llena de fotos con las caras de personas desconocidas.

Con mucho cuidado decidió abrirlo, las páginas eran viejas y si las forzaba se rompían como pétalos de una flor muerta.

Mientras pasaba las páginas Pablo siguió caminando para entrar al templo.

Luego de una hora, ya bañado y listo para volver con su padre, decide llevarse el libro al hospital. Así, tendría un pasatiempo para no aburrirse.

Ya estaba ahí, sentado al lado de Cristian mientras lo miraba con los ojos rojos de tanto llorar. Pablo abrió su mochila y sacó el libro, comenzó a leer y al pasar varias páginas logró encontrar una similitud en cada una de ellas. Todas tenían una mancha roja en el extremo inferior derecho. Al terminar de observar, en el final del cuento ponía con letra cursiva y color llamativo: “fuiste elegido, tu turno es corto y puede terminar en cualquier momento, escribe un deseo y devuelve el libro al lugar donde fue encontrado”.

Pablo miró fijamente a su padre, sacó un lápiz de su mochila y relató: “deseo tenerte conmigo para siempre”. Cerró el libro y se durmió con su cabeza sobre el hombro de Cristian.

Se hicieron las 10 de la mañana cuando despertó, su padre seguía inconsciente y las enfermeras daban vueltas y vueltas por la habitación tratando de notar algún cambio.

-¿Noticias nuevas? - preguntó Pablo alistándose para volver a su casa.

- Por ahora no, hay que esperar hasta ver algún cambio- respondió la doctora.

Su hijo tomó las llaves y fue donde el libro lo mandó, al mismo lugar de encuentro. Al llegar, Pablo apoya el obsequio en el pasto, cuando de repente, un flash cubrió su cara bloqueándole la vista. Segundos después, algo se le cuelga por detrás dejándolo sin vida con la ayuda de un cuchillo.

Sus últimas visiones fueron terroríficas, el extraño ser que mató a Pablo colocó su foto en la tapa del libro, y con su dedo gordo dejó una huella de sangre en la parte inferior de la página escrita por él.

No pasado más de un día, Cristian dio un milagro, sus ojos volvieron a abrirse, dejando tranquilas a todas las enfermeras que dieron todo por él. Rápidamente preguntó por su hijo, pero nadie sabía la tragedia que Pablo había sufrido.



FIN.



Martina Delgado Almará



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